La obra de Muñoz Degraín en el Museo de Bellas Artes

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Son muchos los artistas de prestigio que han nacido en Valencia y han desarrollado su trayectoria profesional muy ligada a la misma. Un ejemplo de ello es el pintor Antonio Muñoz Degraín, que tras su muerte en 1924 nos ha dejado un importante legado, parte del cual recoge el Museo de Bellas Artes.



Comisariada por Adela Espinós Díaz (conservadora de Dibujos y Estampas del Museo de Bellas Artes de Valencia), esta muestra recoge algunos de los cuadros más destacados del artista, como “El Líbano desde el mar”, de 1909. Y es que pretende ser un recorrido por su vida y obra, desde sus primeros años como aficionado hasta la consolidación de su arte.

Antonio Muñoz Degraín comenzó a formarse como arquitecto, proyecto que abandonó para iniciar sus estudios de pintura, su verdadera vocación. De hecho, fue alumno de la Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia desde los doce años. Fue en 1862 cuando se dio a conocer con la Exposición Nacional de Bellas Artes del mismo año, siendo galardonado en varias ediciones. En 1870 decoraría el techo del Teatro Cervantes en Málaga, como encargo de su amigo Bernardo Ferrándiz, y en 1881 obtuvo su primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes con la obra “Otelo y Desdémona”, cuyo boceto se conserva en el museo.

Gracias a este galardón obtuvo una pensión del Gobierno para viajar a Roma, donde realizó el que quizá sea su cuadro más famoso, “Los amantes de Teruel”, con el que volvió a obtener la primera medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes de Valencia en 1884. Más tarde fue titular de la cátedra de pintura de la Escuela de Bellas Artes de Málaga, donde tuvo como alumno a Picasso, ciudad donde se estableció y se casó. Años después se trasladaría a Madrid, al obtener una cátedra de Paisaje de la Academia de San Fernando, siendo nombrado director de la misma en 1901. También sería Presidente del Círculo de Bellas Artes de Madrid.

En cuanto a su obra, cultivó todos los géneros de la pintura, comenzando con un estilo realista y pasando por el simbolismo y el impresionismo, algo que refleja esta muestra. Destaca sobre todo como paisajista, gracias a su peculiar uso del color. En sus cuadros abundan los paisajes de Oriente Próximo, zona a la que viajó en numerosas ocasiones. Entre sus creaciones podemos citar Vista del Valle de la Murta (1864), Paisaje del Pardo al disiparse la niebla (1867) o El Tajo, lluvia (1915).

 

Esta selección se expone desde el pasado 21 de junio en la Sala Ribalta del museo, donde se mantendrá hasta el 30 de septiembre de este mismo año. La entrada es totalmente gratuita, por lo que se trata de una buena oportunidad para acercarse a la obra de este genial artista.

Fuente Imagen por Antonio Marín Segovia

 

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Categorías: Exposiciones


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